Y ahora desearía poder contarte todas estas cosas a ti y sacármelas de la cabeza. Porque son muchas las conversaciones que nos quedaron pendientes y el saber que ya no hay marcha atrás me mata.
Tú, que decir de ti que la gente que te conocía no supiese ya, eras ese tipo de persona que todos queríamos tener al lado. Y ahora todas nuestras conversaciones vienen a mi cabeza, te recuerdo cada día desde que ya no estás y también recuerdo el último momento y tus últimas palabras... mi corazón se hace pequeño, de repente todo es insignificante. Me doy cuenta que todos los problemas de los que siempre me he quejado no valen nada, porque si pudiese cambiar una única cosa de toda mi vida juro que cambiaría lo que pasó aquel día, te haría volver sin pensarlo ni un maldito segundo. Porque no te merecías eso, tú no. Te fuiste dejándonos a todos una herida, de esas que ni curan ni cicatrizan.
Me paro a recordar todo y no me creo que jamás vayas a volver, ni lo creo ni quiero hacerme a la idea, porque cada día tengo la sensación de que vas a aparecer por la puerta con esa alegría que siempre tenías. Solo espero que algún día se pase el dolor, quiero no recordar lo que sucedió y quedarme con cada buen momento.
Alber, amigo guardanos un sitio sea donde quiera que estés.
Siempre, SIEMPRE nos acordaremos de ti, por como eras y por como influiste en cada una de nuestras vidas. Eras lo mejor.
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