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*Prefiero andar con locos que con falsos*

Creo que me he cansado de perdonar a la gente.
Entiendo que nadie somos perfectos, y que los hay peores unos que otros. Pero me he cansado de ser yo la cabeza de turco, a quien siempre acaban tomando el pelo. Y he llegado a la conclusión de que muchos esperan ya ser perdonados por mi por lo que el daño no les importa tanto.
A lo largo de estos últimos cuatro años he tenido que soportar las suficientes cosas como para llenar un estadio de fútbol solo de rencor. Porque por suerte o por desgracia soy de esa clase de personas... perdonan pero no son capaces de olvidar del todo.
He llorado, he chillado... y ¡qué demonios! he pataleado porque ya no me quedaba nada más que hacer. Creo que a medida que crecemos muchas personas se vuelven cada vez más egoístas, no les importa hacerte daño si ellos/as salen bien del asunto. Y he llegado a darme cuenta que yo no soy así, no sé si ya por tonta o por buena, pero siempre he pensado más en los demás que en mi misma.
Y llega un momento en que no sé si soy yo la que se tiene que volver egoísta o empezar a ventilar a la gente egoísta.
Porque no hay nada más doloroso que las personas que más quieres te fallen, y a mi me han fallado muchos  ya. ¿Queréis que os diga que se siente?, con cada decepción es como si un pedazo de corazón explotase, y mil pedazos se esparcieran por todo el cuerpo. El engaño en cuestión es el dolor de la explosión, y los pedazos que se esparcen son cada recuerdo bueno que te viene a la cabeza sobre esa persona y que se clavan como cuchillos.
Ha llegado un momento en el que si sigo así me quedaré sin corazón. Y por primera vez me siento perdida, completamente perdida. He decidido apartar a la gente que me lastima, tomarme las cosas con gracia y si tienen algo malo que decir de mi REÍRME, porque no hay nada que más les duela a los que te quieren lastimar que el simple hecho de verte sonreír.

Así que ahora toca sonreír hasta que me duela la boca.

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